La Muerte se rie

muerte

La muerte, cosa impredecible. Muchos le temen. Otros la esperan. Algunos disfrutan su vida al máximo porque después de esta no hay nada. Los más fanáticos creen que en esta vida hay que privarse de toda libertad, porque en la otra las tendremos todas. Yo, bueno, pues yo no me preocupo por ella, porque no se cuando va a venir por mi, y el día que lo haga no voy a tener tiempo de preocuparme (o al menos eso espero).

Las formas son diversas, accidentes, enfermedades y atentados forman parte de estas. Pero a veces hay formas tan… tan… tan absurdas que parece que la muerte simplemente estaba aburrida y quería divertirse un rato. Es una ironía de la vida, del mundo. Lo que se puede concluir de esto es que la muerte tiene un extraño y sádico sentido del humor, ya van a ver porque se los digo.

Uno de los primeros casos se produjo en el año 458 a.C. y le ocurrió al célebre y famoso Esquilo, autor de tragedias Griegas y conocido por nosotros gracias a que lo vimos el 1 Bim. de este año en Español. Según cuenta la leyenda, le cayó del cielo una tortuga que le rompió en cráneo. Al parecere, esta habría sido soltada por un águila que por querer partir el caparazón de su presa, para poder comer la carne, confundio la cabeza de Esquilo con una piedra. ¿Ya ven porque digo ironícas? y esto es sólo el comienzo.

Continúo con Li Po, uno de los grandes poetas chinos, quién tuvo una muerte mucho más romántica, pero igual de loca y rara. Este poeta se encontraba borracho esa noche del año 762 d.C cuando cruzaba el río Yang-tse. En medio de sus alucinaciones, producto del alcohol, vio el reflejo de laluna en el agua y decidio saltar par darle un abrazo inspirador. Murio ahogado.

Mucho después, en 1567, el austríaco Hans Steinger, mundialmente reconocido por tener la barba más larga del mundo, se hizo aún más famoso por su ilustre muerte. En el afán de salvarse de un incendio salió corriendo, pero se piso lapunta de la barba y se partió el cuello.

Una muerte muy parecida tuvo la gringa Isadora Duncan, madre de la danza moderna, quien un día en 1927, mientras recorría las calles de Niza, Francia, en su carro Burgatti, conducido por un chofer, cuando su bufanda se enrdó en una de las ruedas traseras del carro. Ella salió expulsada del carro y fue arrastrada unos metros. La muerte por estrangulación fue inmediata.

Y hay muertes todavía más irónicas, como la de Bobby Leach, en 1911. Él fue uno de los pocos intrépidos que lograron sobrevivir a la aventura suicida de lanzarse en un barril a las catarátas del Niágara, pero murió después al resbalarse con una cáscara de naranja en la calle.

Estos son sólo algunos ejemplos de personas famosas, con los que se podría hacer un catálogo infinito en el que habría que incluir a los que murieron ahogados en sus propio vómitos, produto de la borrachera tan hp, por sobredosis accidentales, “asesindaos” por pelotas de baseball y hasta por aguantarse las ganas de orinar.

Pero si con los casos de famosos se podrían llenar páginas enteras, las muertes absurdas de personas anónimas, comunes y corrientes, ocurren diariamente. Entre ellas se encuentra la increíble historia de un terrorista iraquí que envió una carta bomba con los datos del destinatario incompletos, pero con el remitente bien claro. La carta le fue devuelta y el olvidadizo hombre no dudó en abrirla y convertirse en víctima de su propio invento.

Uno de los más increíbles casos sucedió en 1987, cuando un paracaídista experimentado salto al vacío, pero olvidó un pequeñísimo detalle: ponerse el paracaídas (¡que idiota!). Según se supo después, el hombre, con más de 800 saltos, estaba grabando una lección privada con una cámra que había puesto en su casco. Parece ser que el hombre se dejó llevar por la emoción del momento y confundióel equipo de grabación que cargaba en la espalda con el pracaídas.

El año pasado, Phillip, un hombre de 60 años que se encontraba interno en la clínica por problmas de la piel, decidió fumarse un cigarrillo a escondidas en una salida de emergencia. Todo iba bien hasta que intentó apagar la colilla con la suela del zapato, pero a este también se le olvidó un pequeñísimo detalle: para su tratamiento le cubrían todo el cuerpo con una crema hecha de parafina. Phillip se incendió en llamas y días después murió.

En 2003, un ex militar de Camboya que extorsionaba traficants de drogas, pensó que era buena idea asustarlos con una granada a la cual le quitó el seguro para intimidarlos. Lo que no tuvo en cuenta es que no volver a ponérselo era un error mortal. Voló en pedazos cuando andaba en su moto después de la transacción.

En Colombia, muchos accidentes por el estilo podrían ser mencionados, como el del borracho que cayó en un charco de no más de 15 cm de profundidad y murio ahogado, o el de otro borracho que confundió las botellas y se tomo un trago de vrsol que estaba reenvasado.

Aunque estas historias muchas veces nos causen risa, alguien, en algún lugar lloró por estas muertes, que para ellos fueron tragedias. Estos casos son sólo prueba que lo único seguro en la vida es la muerte. ¡Y que forma de morir!

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