Budapest

Creo que nunca se me pasó por la cabeza que algún día estaría en Hungría. Pero el 28 de Marzo, gracias a una promoción de RyanAir por la cual el tiquete salía a 5 €, y después de casi perder el vuelo, ahí estaba. Ese día comenzó mi primera vez mochileando (y creo que se puede decir que me quedó gustando). Íbamos al paseo 4 personas: Juliana, Jorge, Pedro el brasileño y yo. 2 hombres y 2 mujeres, el número perfecto para viajar.

Saliendo de Saarbrücken, lista para mochilear
Allí nos quedamos en la casa de un colombiano casado con húngara y ya con hijos. Y fue una fortuna porque si el alemán les parece raro, no se imaginan ese idioma como es de diferente. Así que a pesar del frío que andaba haciendo (el viento llegaba a 70 km/h, yo con mi chaquetica azul y mi complexión bajita ya se imaginarán como sufrí) tuvimos el calor de un hogar gracias a Raúl.
Lo primero que teníamos que hacer era cambiar la plata, pues en Hungría se manejan los Forines. De ahí en adelante al comprar siempre debíamos multiplicar por 280 (valor de 1 euro). Aunque la verdad muchas veces ni era necesario. Seguro habrán escuchado que Europa del Este es barata. Y pues sí, no hay nada más cierto. Una razón más para ir.
Vista panoramica de la ciudad: Tanto el Danubio como Buda y Pest
Budapest está dividida por el río Danubio en dos partes: Buda y Pest. Sí, en serio. Buda significa agua, y hace alusión no solo al río sino a las aguas termales que hay en la ciudad (en las cuales desafortunadamente no me pude bañar, aunque con ese clima me habría caído muy bien) y Pest fuego, que rememora las piedras ardientes en los tiempos de los húngaros.
Budapest es impresionante de noche, aquí una pequeña muestra
Pero la ciudad no sólo se divide entre agua y fuego, sino sobretodo se debate entre dos sistemas: el comunismo que dominó durante 45 años y el capitalismo instalándose en los últimos 20. Hungría es de esos países frontera entre dos mundos, que tuvo la desgracia de caer bajo el yugo de regímenes totalitarios fascistas y comunistas, fueron invadidos tanto como de nazis como de soviéticos. Y eso se nota no sólo en su arquitectura (tanto edificios residenciales grandes, grises, cuadriculados, típicamente comunistas; como partes que claramente fueron bombardeadas y destruidas), sino también monumentos por toda la ciudad, y hasta el “Museo del Terror”, casa que antiguamente usaban los nazis y los soviéticos (en periodos diferentes claro) para torturar enemigos políticos.
Y a pesar de eso los húngaros son personas absolutamente amables y gentiles. Conocimos y nos la pasamos especialmente con dos: Patrik, el sobrino de Raúl, y Zsofi, una chica de CouchSurfing. Y obviamente la rumba no pudo faltar. Ellos nos dieron a probar el trago típico de allá: la Palinka, que es como un brandy de frutas delicioso, pero con alto porcentaje de alcohol (el que tomamos era como de 60%, pero hay desde 37 hasta 86). Si tienen oportunidad, ¡pruébenlo! Yo quería traer un par de botellas, pero la política de RyanAir es máximo líquidos de 100ml, así que ni modo. Después de eso salimos al bar de moda: Morrison’s, y hasta ahí les cuento (esa anécdota vale la pena que me la escuchen en persona).
A la izquierda: Palinka. A la derecha: con Patrik y Zsofi, antes de salir a Morrison’s
Y de ahí partimos a Bratislava…
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