Crónica de un sueño cumplido. Parte III

Leer primera parte aquí.
Leer segunda parte aquí. -Fé de erratas: el final de la segunda parte fue modificado.
El trayecto de Saarbrücken (mi ciudad) a Stuttgart dura aproximadamente dos horas. Yo estaba distraída en el carro compartido hablando con Juli cuando vibró el celular: correo nuevo.

Su visa ya fue tramitada y enviada, asegúrese de que haya alguien en la dirección dada por usted, entre las 8 am y las 5 pm del jueves 4 de Octubre.

La reacción de Juli al leerlo fue “para matarse, pudieron enviarlo un día antes, tienen huevo mk”. Y tenía toda la razón, pero mi reacción fue “TENGO VISAAAAAA. No me importa, todavía estoy a tiempo, voy porque voy.”

Obviamente como estaba dentro de un carro y mi único medio con internet era el celular, me resultaba imposible cuadrar todo en ese momento. Necesitaba un computador urgente. Apenas llegué a Stuttgart, en vez de turistear y recorrer caminando toda la ciudad como usualmente hago cuando llego a una ciudad desconocida, fui a la casa de mi amigo y me adueñé de su pc.

El mismo vuelo que me había costado 16 € estaba en esos momentos a 118. Ahí sí como dijo Juli: para matarse. Pero como esto es Europa y afortunadamente mi ciudad queda en un lugar más o menos central, las opciones de viajes se amplían. Busqué todas las posibilidades: Ryanair, EasyJet, Vueling, BilligeFlüge… todo estaba carísimo, se me salía del presupuesto. Pero las ganas y el entusiasmo eran más fuertes. Al final encontré uno que se ajustaba más o menos: Bruselas – Manchester, 9:20 am, 5 de Octubre de 2012. Sin mente como el demente, dos minutos después ya lo tenía comprado. Faltaba cuadrar el transporte a Bruselas, al aeropuerto, al evento y cuadrar donde dormir, pero eso ya me daba seguridad.

Así me fui al Volkfest y tomé cerveza a lo que da, aunque por un motivo diferente al original: ya no era para ahogar mis penas sino para celebrar lo que se venía. La pasé súper bien (Oktoberfest y Volkfest merecen un post aparte) y al día siguiente después de dormir como morsas en un parque la mitad del día cogimos un tren. La idea original era estar en Stuttgart martes en la noche, miércoles, jueves y el viernes devolvernos e ir a Metz (Francia) a seguirla. Pero como tenía que estar en mi casa temprano el jueves nos tuvimos que devolver el miércoles.

Ya de vuelta en mi casa frente a mi computador revisé todo: bus Bruselas – Aeropuerto, tren Manchester – Cheltenham, alguien que me hospedara en Cheltenham, tren Cheltenham – Londres, bus Londres – aeropuerto, bus Frankfurt – Trier, tren Trier – Saarbrücken. Me iba el viernes en la mañana y regresaba el domingo en la mañana. Como el vuelo salía tan temprano me tocaba salir desde el jueves y dormir en Bruselas o en el aeropuerto. Ya el día anterior en medio de la fiesta había logrado cuadrar un carro compartido hacia Bruselas a muy buen precio, el problema es que salía de Saarbrücken a las 11 am, y no sabía si a esa hora ya tendría mi pasaporte en las manos. Solo quedaba cruzar los dedos. A Juli le llegó el suyo a las 9 am y eso me dio confianza. Compré todos los tiquetes y conseguí por CouchSurfing alguien que me hospedara por una noche en Cheltenham, no conseguí nada para Bruselas así que por debido a mi amplísimo presupuesto decidí dormir en el aeropuerto. De hecho encontré una página muy útil para eso: http://www.sleepinginairports.net/

Ya con todo cuadrado alisté maleta, la cual se componía de muy poca ropa, un sleepingbag y latas de atún, y me fui a dormir con una sonrisa en la cara.

Al otro día me desperté antes de las 8 porque el apartamento en el que vivo puede que no se escuche cuando timbran, y debía estar pendiente para que me entregaran el pasaporte y no lo devolvieran. Me senté prácticamente frente a la puerta a esperar. Mientras tanto hice cuentas y descubrí que aunque el carro compartido era muy barato, salía a igual precio un bus desde Luxemburgo que me dejaba ya en el aeropuerto en la madrugada. Cancelé el carro compartido y me gané una buena madreada en alemán.

A las 9 casi en punto sonó el timbre y era un señor con un sobre, buscando a una tal Lucia Mesa (léase con acento alemán). Firmé, lo recibí y lo abrí con el corazón en la garganta. ¿Si notaron que en el correo nunca dijeron que la visa había sido aprobada? Sólo decía “tramitada”. Y como buena colombiana que soy le tenía un miedo terrible a que me la hubieran rechazado. Pero el pasaporte estaba abierto con la visa británica pegada en una página. Visa aprobada por 6 meses. Ya era seguro, ¡IBA A CONOCER A J.K. ROWLING!

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