Crónica de un sueño cumplido. Parte VI

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“Hi Lucía, I’m Louis. Give me your bag, i’ll carry it”, me dijo mi host apenas llegué a Cheltenham. Era alto, mono, ojiclaro, delgado. Tenía carro propio, una minivan viejita pero bakana, y me llevó a donde me iba a hospedar. Vivía con su papá y la esposa en una casa grande, moderna y absolutamente ordenada. Yo tenía un cuarto, que francamente parecía de hotel, para mi sola. Lo primero que hice al llegar fue bañarme, pues ya se imaginarán cómo estaba después de 21 horas de viaje.

Cocinamos una pizza de esas precocidas que se hacen en el horno, una ensalada y salimos a un pub. Allí estaban sus amigos: dos manes y una vieja. Tomamos cerveza, salimos a otro pub, tomamos cerveza, vimos música en vivo, fuimos a otro pub, y así hasta la madrugada.


Al otro día salí con él, luego cuando se fue a trabajar dí una vuelta por Cheltenham así como para conocer, regresó, comimos y me dejó en el lugar del evento, que quedaba en las afueras de la ciudad, donde los ingleses apuestan por las corridas de caballos.

     

Entré al lugar y apenas me senté hice un video y escribí en mi diario:
Sábado 6 de Octubre de 2012
18:22
Salón de eventos


¡POR FIN! Han pasado muchas cosas desde que escribí por última vez. El host de CS resultó ser un amor (y además está bueno). Me gastó tooodo lo que comí y bebí en Cheltenham porque sabía que yo no tengo plata. Salimos con sus amigos el viernes y tomamos cerveza. Como me estaban gastando y me daba pena, sólo acepté unas dos o tres e invité a otras dos. 

Nos fuimos a dormir como a las 3 am y hoy temprano me levantó porque quería mostrarme el “countryside” inglés. Me llevó a un mercado en su pueblo natal, Stroud. Todo era re bonito, parecía salido de las series británicas que me encantan. Comimos algo ahí con sus amigos y fuimos a ver los paisajes ingleses.

    

Me dio una infección en el ojo derecho, lo tengo súper rojo y chiquito y los lentes me están matando en este momento, pero valdrá la pena. Mi puesto es lejos, pero mejor eso que nada. Eso sí, sospecho que voy a perder mi tren. Ojalá no, pero si pasa ya veré que hago.

Es una lástima que no tenga nada de HP. En Colombia tengo túnica, varita, camiseta de Sly, bufanda, gorro, corbata, ¡todo! Pero aquí soy una muggle más. Espero que me escuche así sea poco y que me firme el escudo de HC.

Justo después de que grabé el video sonó por los altavoces una voz femenina “Please take a sit, J.K. Rowling will be appearing in two minutes”. El corazón me latía a mil. No lo podía creer, parecía salido de mi imaginación. En esos dos minutos me comí las uñas más de lo que me las he comido en mis 21 años de vida, ya se imaginarán.

De un momento a otro apagaron todas las luces, apuntaron a un lado del escenario, y ahí salió Jotacá con el entrevistador (que a decir verdad no sé quién era). Toman asiento y comienza la entrevista con un par de chistes. Hablan del nuevo libro, creo que si no hubiera empezado a leerlo no habría entendido nada. Hablan también de Harry Potter. De ella, de su recorrido como escritora. Me desespera estar tan lejos así que me paro, dejando mi mochila con todas mis pertenencias ahí debajo de mi silla y me acerco lo más que puedo. Termino viendo toda la entrevista parada recostándome sobre la baranda, pensando cómo saltarla. Disfruto cada palabra que dice. Su voz es música para mis oídos. Su acento británico me mata. No puedo creer que la esté escuchando en vivo.

De un momento a otro Jotacá se para, va a una tarima con micrófono y comienza a leer un capítulo del libro (“Dinner Party from Hell”). ¡Mi escritora favorita me está leyendo! Y no se imaginan cómo es escucharla. Lee de tal manera que es imposible no dejarse sumergir por la historia. Cambia la voz para cada personaje y el tono para cada situación. Como fue ella misma la que escribió esas palabras, sabe exactamente qué transmitir en cada momento. Por si quieren verla (el sonido no está tan bueno):

La entrevista termina y es hora de las preguntas del público. Levanto mi mano para que me alcancen el micrófono. Mientras tanto se van formando las preguntas en mi mente. Siento que me va a temblar la voz cuando hable. Veo como una niña dice que le trajo un regalo y Jotacá le responde que se acerque a la tarima, y al hacerlo le da un abrazo. Muero de envidia, esa debí ser yo. Me dan un poco de desesperación las preguntas bobas que hace la gente, pero nada que me alcanzan el micrófono.
Me doy cuenta que aunque varios de arriba teníamos la mano levantada, le están pasando el micrófono sólo a los que están sentados de la baranda para abajo, en el primer piso. Desesperada me paro y voy a hablar con el que cuida la puerta. Me confirma mis temores: sólo los del primer piso pueden hacer preguntas. Me parece absurdo, ¡todos pagamos boleta, todos deberíamos tener la misma oportunidad! Intento calmarme y explicarle mi situación. Dice que él no puede hacer nada, que baje a ver si allá me dejan.
Salgo corriendo y abajo hablo con el celador, quien no cede. En este punto ya estaba bastante alterada, como se imaginarán. Aunque hay muchos MUCHOS asientos vacíos no me dejan entrar que porque ya pasó la hora, que no se podía, que reglas son reglas, blah blah. Comencé a madrear (en español y alemán) y casi llorar y el celador estuvo a punto de llamar a seguridad. Rendida me devolví al segundo piso. Casi no me dejan entrar tampoco. Pero logro volver a mi lugar en la baranda…
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