Crónica de un sueño cumplido. Parte VII

Nota: si no leíste la parte anterior antes de que yo pusiera el vídeo te recomiendo que la releas, así podrás entender un poco más la situación.

Leer primera parte aquí. – Leer segunda parte aquí.  – Leer tercera parte aquí – Leer cuarta parte aquí – Leer quinta parte aquí – Leer sexta parte aquí

Parada sobre la baranda, estaba totalmente desesperada y decidida a hablarle a Jotacá. Una niña inglesa se paró al lado mío. Tenía un cuaderno con la bandera británica. Le pedí una hoja y con el mismo esfero que escribía el diario (que no tenía casi tinta, se le iba a cada rato) hice un letrero lo más llamativo posible.

J.K. COLOMBIA LOVES YOU
(desafortunadamente no tengo foto)

Lo alcé lo más que pude, que debido a mi altura no es que fuera mucho. Me moví de un lado a otro, intentando llamar su atención. Los demás espectadores me miraban con cara de bicho raro, y un par hasta me gritaron que me quedara quieta o me sentara. O cosas menos decentes. Pero Jotacá tenía muchas luces y cámaras en su cara, y estaba muy ocupada respondiendo preguntas, así que le fue imposible verme. Fracasé.

Sábado 6 de Octubre de 2012
20:17
Salón de eventos


Ya se acabó el evento. Jo es increíble. Encantadora, divertida, con una energía positiva que contagia. Me hizo dar más ganas de terminar el libro. Me hizo recordar por qué es que la admiro tanto, que no es por terquedad de una niña de diez años que sólo admira por escribir la historia que la envolvió; sino por su personalidad, por sus logros, por la forma en que responde lo que le preguntan, por todo.

Al final el público podía hacer preguntas… o eso se suponía. Resulta que al bloque de filas en el que yo estaba no le daban la oportunidad de preguntar. Totalmente injusto. Allí estaba yo, muriéndome por contarle a mi ídola la travesía por la que pasé para verla, por hablarle de los fans en Colombia y Latinoamérica, por preguntarle qué piensa de nosotros y si algún día pasará por allá; y no podía. Perdí mi oportunidad y de eso me voy a arrepentir toda la vida. Estos momentos quedarán grabados en mi memoria con un poco de dolor.

Ahora pienso que fui un poco estúpida, debí haberme metido en primera fila apenas pude, como Cronista lo hizo en el lanzamiento de HP7. Aunque no es que me hubieran dado mucha oportunidad, y la verdad con esta mochila en la espalda es un poco difícil pasar inadvertida. Pero bueno, ya qué, no se debe llorar sobre la leche derramada. Siguiente intento: Escudo. ¡Por favor!

PD: Todos tienen cartas y regalitos re elaborados. Que simplona me siento con los míos.

Recogí mis cosas y lo primero que veo apenas salgo es una fila más larga que banco en quincena. La gente se había ido saliendo desde las preguntas y había ido formándose para el autógrafo. Como yo quería desesperadamente preguntar no me salí, y ahora me arrepentía. Eran las 8:20 y mi tren salía a las 9:15. Le pregunté al que estaba cuidando la fila por ahí cuánto creía que tardaría en llegar hasta Jotacá.
“Uy no china, desde donde está llega por ahí en dos horas, bajito” Obviamente con acento británico eso sonaba como poesía. Pero eso no evitó mi cara de preocupación. Ya era fijo que iba a perder el tren. Resignada saqué el celular y llamé a la compañía de trenes. Teniendo en cuenta que mi celular es alemán, ya se imaginarán lo que eso significaba (en términos de $$). Pregunté si podía cambiar la fecha del tiquete o cancelarlo y que me devolvieran la plata. Pues no, eso se podía hacer máximo hasta 24 horas antes, ni por el putas avisando con una hora de anticipación. Ni modo. Saqué el libro y comencé a leer mientras hacía la larga fila.

Mientras leía sentía que la fila era eterna y no avanzaba. La gente pasaba con cerveza y gaseosa servidos en vasos desechables, que se regaban por todo lado. En un momento comenzó a avanzar la fila, y con ello mi corazón. Entré al salón donde estaba firmando, aunque la fila seguía larga por fin podía verla.

Salió un man a decir “Recuerden que sólo está permitido UN autógrafo por persona, y tiene que ser del libro de The Casual Vacancy, nada de Harry Potter”. Más adelante había una vieja que revisaba que efectivamente se tratara del libro nuevo y no de HP. Unos metros después alguien más ponía un sello en la primera página del libro: JK Rowling oficial. Luego salía alguien a revisar el sello y el libro otra vez. No podía creer la jodedera de esta gente. Pero bueno, cada vez estaba más cerca. Sentía mi corazón al lado de las amígdalas. Otro man pedía que pusiéramos la solapa del libro sobre la primera página.

Ya estaba a pocos metros de Jotacá. Mi ritmo cardiaco era más rápido que Bolt con diarrea. Ya podía ver cómo funcionaba eso del autógrafo: había una señora al lado izquierdo de la escritora, que recogía el libro y se lo pasaba, luego había otro señor a su derecha, que lo recogía y se lo devolvía al dueño. La interacción con la escritora sólo era posible durante menos de 5 segundos, un par de palabras. Era como una fábrica. Eso me causó tristeza y a la vez nervios. Me había propuesto a mi misma hablarle, si ya había perdido la oportunidad de la pregunta en el evento esta no la iba a desperdiciar ni a bate.

Repasaba una y otra vez en mi cabeza lo que le iba a decir, mientras pensaba formas de evadir el estricto régimen de vigilancia que tenía Jotacá. Un último man nos dijo que tuviéramos el libro abierto, para entregárselo a la señora a la izquierda de la escritora y no perder ni un segundo de su valioso tiempo. Ya estaba a un metro. Me sentía como Baumgartner un segundo antes de saltar de la estratosfera. Le di mi cámara a alguien para que me tomara foto mientras Jotacá me firmaba.

Cuando llegó mi turno le entregué el libro a la señora de la izquierda, pero hubo un problema con la persona que iba en la fila antes que yo, lo cual la distrajo. Era mi oportunidad. Aproveché para decirle algo a Jotacá:

-Hola Jo! Eres mi escritora favorita, viajé 21 horas para verte

(yo sé, no es lo más ingenioso que pude haberle dicho, pero entre el cansancio y los nervios mi creatividad estaba enterrada 10 metros bajo tierra)

Reaccionó con una expresión en la cara entre ternura, orgullo y culpa de haber causado eso.

-¿En serio? ¡Lo siento mucho! Espero que haya valido la pena.

Estaba firmando mi libro.

-Si, totalmente. Oye mira que tengo un club de fans en Colombia, ¿me podrías firmar esto? Significaría mucho no sólo para mi, sino para todos ellos.

En un segundo saqué el escudo de HC, que tenía preparado en mi mochila, sin que sus dos “guardaespaldas” lo notaran.

-Bueno, pero no le digas a nadie 😉

No lo podía creer, me estaba firmando el escudo.

    

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