Mujeres

Es curioso como una variedad de factores confluyen para que uno se acuerde de algo o tenga una idea especialmente brillante. A estos factores les da por aparecer en los momentos más inoportunos: en la ducha, en la parada del bus, en el baño, en la cama cuando uno está en ese limbo entre dormido y despierto, lo suficientemente despierto para acordarse al otro día que uno ideó la cura del cáncer, pero lo suficientemente dormido como para no anotarla en ningún lado y además no recordar de qué trataba.

Estas palabras surgieron de un recorrido de bus, mientras observaba por la ventana el paisaje invernal y apreciaba por primera vez las casas, calles y carros cubiertos por la nieve. Iba escuchando música, como suelo hacerlo cuando estoy sola y el aleatorio puso “Stupid Girls” de Pink. Y aquí es donde confluyen los factores. Si bien la música de Pink me gusta desde pequeña (probablemente es mi “cantante pop” favorita) esta canción tiene un significado especial para mi por un artículo que mi ídola, escritora favorita y ejemplo a seguir escribió en su página web hace ya mucho tiempo. Probablemente nadie se acuerde pero yo, fanática como soy, lo transcribí letra por letra en un archivo en el bloc de notas que todavía conservo. En inglés porque todo es mejor en el idioma en el que fue escrito:

“For Girls Only, Probably… Being thin. Probably not a subject that you ever expected to read about on this website, but my recent trip to London got me thinking… 

It started in the car on the way to Leavesden film studios. I whiled away part of the journey reading a magazine that featured several glossy photographs of a very young woman who is either seriously ill or suffering from an eating disorder (which is, of course, the same thing); anyway, there is no other explanation for the shape of her body. She can talk about eating absolutely loads, being terribly busy and having the world’s fastest metabolism until her tongue drops off (hooray! Another couple of ounces gone!), but her concave stomach, protruding ribs and stick-like arms tell a different story. This girl needs help, but, the world being what it is, they’re sticking her on magazine covers instead. All this passed through my mind as I read the interview, then I threw the horrible thing aside. 

But blow me down if the subject of girls and thinness didn’t crop up shortly after I got out of the car. I was talking to one of the actors and, somehow or other, we got onto the subject of a girl he knows (not any of the Potter actresses – somebody from his life beyond the films) who had been dubbed ‘fat’ by certain charming classmates. (Could they possibly be jealous that she knows the boy in question? Surely not!) ‘But,’ said the actor, in honest perplexity, ‘she is really not fat.’ ‘“Fat” is usually the first insult a girl throws at another girl when she wants to hurt her,’ I said; I could remember it happening when I was at school, and witnessing it among the teenagers I used to teach. Nevertheless, I could see that to him, a well-adjusted male, it was utterly bizarre behaviour, like yelling ‘thicko!’ at Stephen Hawking. 

His bemusement at this everyday feature of female existence reminded me how strange and sick the ‘fat’ insult is. I mean, is ‘fat’ really the worst thing a human being can be? Is ‘fat’ worse than ‘vindictive’, ‘jealous’, ‘shallow’, ‘vain’, ‘boring’ or ‘cruel’? Not to me; but then, you might retort, what do I know about the pressure to be skinny? I’m not in the business of being judged on my looks, what with being a writer and earning my living by using my brain… I went to the British Book Awards that evening. 

After the award ceremony I bumped into a woman I hadn’t seen for nearly three years. The first thing she said to me? ‘You’ve lost a lot of weight since the last time I saw you!’ ‘Well,’ I said, slightly nonplussed, ‘the last time you saw me I’d just had a baby.’ What I felt like saying was, ‘I’ve produced my third child and my sixth novel since I last saw you. Aren’t either of those things more important, more interesting, than my size?’ But no – my waist looked smaller! Forget the kid and the book: finally, something to celebrate! So the issue of size and women was (ha, ha) weighing on my mind as I flew home to Edinburgh the next day. 

Once up in the air, I opened a newspaper and my eyes fell, immediately, on an article about the pop star Pink. Her latest single, ‘Stupid Girls’, is the antidote-anthem for everything I had been thinking about women and thinness.  ‘Stupid Girls’ satirises the talking toothpicks held up to girls as role models: those celebrities whose greatest achievement is un-chipped nail polish, whose only aspiration seems to be getting photographed in a different outfit nine times a day, whose only function in the world appears to be supporting the trade in overpriced handbags and rat-sized dogs. Maybe all this seems funny, or trivial, but it’s really not. It’s about what girls want to be, what they’re told they should be, and how they feel about who they are. I’ve got two daughters who will have to make their way in this skinny-obsessed world, and it worries me, because I don’t want them to be empty-headed, self-obsessed, emaciated clones; I’d rather they were independent, interesting, idealistic, kind, opinionated, original, funny – a thousand things, before ‘thin’. And frankly, I’d rather they didn’t give a gust of stinking Chihuahua flatulence whether the woman standing next to them has fleshier knees than they do. Let my girls be Hermiones, rather than Pansy Parkinsons. Let them never be Stupid Girls. Rant over.” 

J.K. Rowling 

Esto me llevó a recordar una imagen que vi en mi Facebook esa mañana, y más aún, una crítica hecha por Lina:

“¿Acaso quién las obliga a usar sostén, a usar el vestido apretado, a depilarse, a pintarse las uñas, a verse perfectas, a usar los tacones altos? Ah no, no me jodan. Las mujeres que se quejan o alardean por hacer esto es porque decidieron hacerlo. Esto no es ser mujer, ser mujer son muchas cosas más. ¿Cuantas son capaces de decir: yo elegí no ser esto y no por eso dejo de ser mujer?”
Lina Reds

Y entonces pensé como a mi nunca me nace usar un vestido apretado, depilarme, pintarme las uñas o aguantar tacones altos durante toda una fiesta (los que me conocen sabrán perfectamente esto). Bueno, nunca me nace pero si lo he hecho porque es muy difícil enfrentarse al rechazo de lo diferente; en otras palabras lo he hecho impulsada por la coacción social sobre mi individualidad intentando imponer su heteronormatividad, la cual dicta los parámetros de lo que significa “ser mujer”. Y esa construcción social actual de género es las “Stupid Girls” de las que Jotacá, e indirectamente Pink, hablan.

Pero si no me nace hacer esas cosas, si mi mayor ambición no es salir en la portada de una revista o ser fotografiada con ropa diferente nueve veces al día, si no cuento las calorías de mis comidas para caber en ese vestido que combina perfectamente con los incómodos tacones, es porque crecí teniendo como modelos a seguir no a Paris Hilton o Britney Spears (con el respeto que se merecen los fans de su música), sino a las mujeres que Joanne Kathleen Rowling describía en sus libros. Durante mi infancia, pre-adolescencia y adolescencia (já, tan adulta yo), mientras intentaba definir mi identidad (que por cierto todavía no lo he logrado del todo) leía Harry Potter y estas eran verdaderamente mis influencias.

Antes que una modelo, yo quería ser como Ginny. Y aquí les pido que alejen sus mentes de las erradas imágenes que nos dieron en las películas y recuerden a los verdaderos personajes de los libros. No la Ginny cuya única función es ir detrás de Harry, sino esa persona que aunque en una primera vista parece tímida, tiene un fuerte carácter, pero también un gran sentido del humor, que es consciente de sus habilidades y cumple las metas que se propone.

O como Hermione (que no Emma Watson), esa intelectual con un gran corazón para la cual los amigos son lo primero. La mujer con la melena siempre despeinada, desarreglada pero con un gran corazón, que no teme sacrificarse por ayudar a los que ama. Seguro recuerdan esa escena de El Cáliz en la que Ron le dice “Hermione, ¡tu eres una chica!”.

O seguir los pasos de Luna, soñadora y llena de esperanza, diciendo siempre lo que piensa sin temor a lo que piensen los demás, sincera y capaz de decir a los demás los errores que pueden llegar a cometer. También ser una madre como Molly, protectora hasta el final, pero también sabiendo darle libertades a sus hijos. O incluso como Bellatrix, que aunque es un personaje malvado y retorcido, su determinación es de admirar: no duda en enfrentarse a cualquiera para lograr sus objetivos. Y podría seguir dando ejemplos.

El punto es que en vez de pelear por cuál es el sexo “débil” o “fuerte”, o de preocuparse y desvivirse por seguir todas las normas para ser “bonita” o simplemente “mujer”, el mundo necesita urgentemente personas que formen su individualidad basándose cada vez menos en características superficiales. Necesitamos menos niñas criadas por la Barbie, y más niñas que performen su género no siguiendo los parámetros de la sociedad sino los suyos propios. Yo ya aporto mi granito de arena tanto en mi campo de estudio (Estudios Culturales) como en pequeñas acciones que parecen inverosímiles. ¿Y tú?

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One thought on “Mujeres

  1. Me encantó la entrada, sobra decirlo y no quiero alargarme en el comentario. Siempre leo tu blog pero nunca comento, pero hoy haré una excepción porque me quedó una cosita de al final de la entrada, lo de ser criada mejor con un libro que con una barbie y también con el comentario de Lina en twitter de que ella fue criada con una barbie en una mano y un libro en la otra (caso con el que me identifico y me siento feliz de haber tenido esta crianza). Me parece un poco discriminatorio eso, el hecho de que a una mujer le guste arreglarse, usar tacones, pintarse las uñas no la hace precisamente una "stupid girl", eso no define si es mas mujer o no, ni que sienta presión por la sociedad, simplemente que le gusta y ya, le gusta verse linda, le gusta usar vestidos, no big deal!  En mi caso por ejemplo, me gusta hacer ese tipo de cosas, me gustan los tacones, pero eso no me detiene de utilizar camisetas de fútbol o de Harry Potter un día común, ni me quita el hecho que fui criada con libros que me brindaban excelentes modelos y me formaron como la mujer que soy ahora. Cada mujer tiene su manera de serlo y no deberían tener estereotipos, jugar barbies no la hace mas mujer, maquillarse menos, pero no merece una denominación de ser "Stupid Girl", y con un punto de vista un poco mas rasgado, ser menos preocupada por su aspecto no hará a una mujer más interesante ni más intelectual. Son estereotipos y ya.

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