Lucía en el País de la Cerveza

Después de mucho meditarlo, por petición de varias personas y a causa de la buena acogida e impacto que tuvo Crónicas de un sueño cumplido, he decidido narrarles mi intercambio, llenísimo de aventuras, no en forma de reseña de las ciudades (como ya lo hice con Budapest y Bratislava), sino precisamente en forma de crónica, para hacerle honor al título del blog y porque creo que su interés será mayor de esa manera. Aunque es mucho mejor cuando la cuento en vivo, ¡invítenme a una cerveza y verán!

Tengo todo escrito en un cuaderno que llevaba siempre a mis viajes y que rellenaba, a falta de libros (el límite de equipaje me lo impedía) y música (la batería de mi iPod duraba medio minuto). Iré publicándolos de acuerdo a las fechas en las que sucedieron el año pasado.

Todo comenzó el 29 de Febrero, cuando llegué a Saarbrücken. Vivía en una residencia estudiantil dentro del campus de la Universität des Saarlandes. Tenía clases de alemán más o menos 5 horas al día. El resto de tiempo estaba libre. Allí conocí a los que serían mis grandes amigos:

Juliana: Economista con alma de melómana. La música lo es todo para ella. Enamorada de la vida, cree fervientemente en la bondad de las personas. Open mind como nadie que yo conozca, pero aún así muy centrada. Soñadora y realista al tiempo. Excelente consejera y aún mejor contadora de historias. Es el tipo de personas que animaría un velorio. Alcohólica como sólo ella, Jorge y yo podemos ser.

Jorge: Ingeniero industrial muy poco ingeniero. Espontáneo, a veces inocente (otras no tanto). Gracioso, entrador, sonriente, caballeroso. Descrito como el perfecto “galán” (¿de telenovela?). Amigo invaluable y excelente persona. Muy buena vibra. Borracho y orgulloso de serlo.

¡Encontramos Harina Pan en Viena!

Nuestros compañeros de aventuras y viajes fueron:

Diego: Economista con un sentido del humor único. Era el “teletubbie” romanticón del grupo. Amante de la música electrónica (y de lo que normalmente se consume allí). Sus comentarios normalmente la sacan del estadio. Es el que nos critica lo borrachos que somos (pero se une de vez en cuando).

Pedro: Brasileño con pinta de alemán. Roommate de Jorge. Ingeniero industrial que pasa la mitad de su vida metido en un gimnasio. La otra mitad de su vida levantando viejas.

Cristian: amigo de toda la vida de juli. Loco, animado y con una sonrisa de oreja a oreja siempre. Se supone que es ingeniero también.

Las residencias estudiantiles allá tienen un bar en el sótano del edificio, llamado Heimbar, que abría un día a la semana. En el que yo vivía (Wohnheim E) abría los martes, en el que Juli y Jorge vivían (Guckelsberg) abría los jueves, y había otro (Waldhaus) que abría los martes, jueves y domingos. A esta última casi nunca fuimos, pero ya teníamos plan seguro dos días a la semana. Estos bares eran buenos para socializar y conocer la gente que vivía ahí, para practicar alemán (o inglés) y por supuesto, ¡para tomar! La cerveza costaba entre 1€ y 1,50€ y también había cocteles, aunque no eran ricos.

Así transcurrieron las primeras semanas, más que todo conociendo gente. Nuestros compañeros de curso eran de Bulgaria, Rusia, Camerún, Turquía, Yemen, México, Ucrania, Tailandia… Los de nuestras residencias eran más que todo alemanes, pero también había polacos, gringos, italianos, brasileños… el intercambio cultural era increíble. Aunque también me sorprendí de la cantidad de colombianos que vivían en esa pequeña ciudad: éramos por lo menos 50.

El primer viaje lo hice a Luxemburgo, el primer fin de semana que estuve allá. Por la cercanía y la demanda hacía allá, hay un bus de Saarbrücken a Luxemburgo cada dos horas y costaba 14€ ida y vuelta, con uso ilimitado de buses dentro de Luxemburgo incluído. Así que el Domingo 11 de Marzo íbamos Juli, Jorge, Pedro y yo hacía allá. Todavía era invierno y todos los árboles estaban deshojados, por lo que el paisaje no era tan lindo. El trayecto dura más o menos una hora.

Ya estando allá notamos que la ciudad estaba muy vacía. Como es una ciudad pequeña, recorrimos todo a pie (desperdiciando los tiquetes de bus ilimitados que teníamos) y la tranquilidad que había en el ambiente era sobrecogedora. Si les soy sincera nos aburrimos mucho. Las casas son bonitas, hay edificios importantes, un castillo y murallas, y una sede del Parlamento Europeo, pero la admiración por dichos lugares es pasajera y es porque somos turistas latinoamericanos con esa curiosidad. Pero nuestras conversaciones sólo se centraron en cómo sería de aburrido vivir allí, las calles son silenciosas y sólo de vez en cuando pasa alguien, en bicicleta. Aunque tal vez fue porque fuimos un domingo y los domingos son en general muertos allá. Después de recorrerlo todo y estar al otro lado de la ciudad nos dio un hambre atroz y justo no había ningún restaurante al rededor, tocaba devolvernos casi a la estación de trenes. Cuando por fin encontramos gente y le preguntamos en inglés ¡no nos entendieron! Tocó hablarles en alemán, que sí entendían. Nos guiaron y allí fue donde comí mi primer Kebab. Nos devolvimos en el último bus, a las 7 pm.



en Luxemburgo

Y así comienzo mis crónicas de viaje: “Lucía en el País de la Cerveza”. Pronto publicaré el próximo capítulo.

PD: gracias a Jose y Vero por el título!

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