Un comienzo en la capital húngara – Lucía en el País de la Cerveza

Juliana, Jorge, Pedro y yo nos conocíamos hace tan sólo unas semanas y ya habíamos planeado un viaje juntos. Cuando vimos un tiquete de avión a Budapest por 5€ para el miércoles 28 de Marzo lo compramos sin pensarlo dos veces y planeamos todo con ese punto de partida. La ruta iba a ser Budapest – Bratislava- Viena – Praga – los campos de concentración de Auschwitz – Wroclaw (Polonia) – Bruselas. Sólo teníamos los tiquetes Karlsruhe – Budapest y Wroclaw – Bruselas comprados y el hospedaje en Budapest asegurado, de resto íbamos a sacarlo en el camino.

Saliendo de Saarbrücken

Así que llegó el día y emprendimos camino hacia Karlsruhe, desde donde salía el vuelo. Quedaba a tan sólo 150Km de Saarbrücken, pero como usábamos el medio de transporte más barato, en este caso un tiquete grupal en trenes regionales, duraba más o menos 4 horas con varios transbordos. En uno de esos transbordos Pedro nos estaba convenciendo de quedarnos en la estación para fumar, pero nosotros no queríamos y nos subimos al tren. De repente escuchamos una voz que anunciaba la próxima estación y vimos como la puerta se nos cerraba en la cara. Entre aturdidos, sorprendidos y cagados de la risa nos alejamos de un atónito y emputado Pedro que se quedó en la estación.

“Bueno, que coja el siguiente y nos vemos en Karlsruhe” dijo Juli entre risas, nos sentamos y lo llamamos a decirle eso. De repente se me ocurrió a mi “marica, es un tiquete grupal y lo tenemos nosotros… él no puede viajar”. Allá no es que antes de subirte te revisen y sellen el tiquete, sino que en cualquier momento del viaje sube un controlador y si tu no tienes tiquete te ponen una multa. Como era un sólo tiquete para los cuatro si se lo pedían a él seguro le ponían multa. Decidimos bajarnos en la siguiente estación a esperar que pasara el tren en el que venía Pedro. Nos subimos a ese y afortunadamente no había pasado el controlador.

Por fin llegamos a Karlsruhe, pero como buenos primímaros en vuelos de bajo costo (porque en Colombia estamos acostumbrados a las aerolíneas de alto costo) no teníamos ni idea de las características únicas de este tipo de vuelos: resulta que RyanAir y demás aerolíneas hacen un aeropuerto pequeño en medio de la nada y le ponen el nombre de la ciudad importante “más cercana”. Como ignorábamos esto y pensábamos que el aeropuerto quedaba cerca a la ciudad, llegamos muy cogidos de tiempo y no nos quedó otra alternativa que coger taxi. Sobre decir que en Alemania no son nada baratos. Ni quiero acordarme en cuánto nos salió el chistesito pero seguro fue más caro que el propio tiquete de avión.

Quiero describirles mi primera impresión de todo y además que los que no conocen tengan una idea: en RyanAir pareciera que la misma persona que te pesa la maleta para verificar que son 10 Kg (si se pasa te toca facturarla, lo cual no sale barato), te sella el tiquete, sale corriendo y abre el avión, da las advertencias de seguridad, pilotea y ya en aire pone el piloto automático para poder ofrecer sándwiches de 15€, bebidas alcohólicas y cigarrillos bajos en nicotina. Las sillas son pequeñas, tres a cada lado, no son muy cómodas ni reclinables y como no son numeradas uno tiene que correr a coger el mejor puesto… o el que le toque. Al aterrizar suena una musiquita celebrando que llegamos vivos y la gente aplaude o se rie. Y ojo que no me estoy quejando: uno obtiene lo que paga.

En el aeropuerto de Budapest nos estaba esperando Raúl, el amigo de un amigo del papá de Juli. Un colombiano ya mayor, casado con una húngara y con dos hijos y un sobrino, que fueron los suficientemente amables como para abrirle espacio en su hogar a 4 jóvenes curiosos y rumberos. Su esposa hablaba sólo húngaro y los niños nos entendían español pero no podían respondernos, pero el sobrino Patrick había estado de “Erasmus” (intercambio europeo) en Alemania y estudiaba inglés, así que podíamos comunicarnos bien con él. Aparte habíamos (bueno, Juli había) contactado por CouchSurfing a una chica llamada Zofi, que aunque no podía hospedarnos a los 4, quería conocernos. Entre ellos 3 nos presentaron la ciudad, y fue una suerte porque si el alemán les parece raro, no se imaginan ese idioma cómo es de diferente y raro.

Con Raúl y Zofi

Yo me resfrié porque en mi mente la primavera era soleada y cálida, entonces sólo me armé de un saco azul no muy grueso. Al llegar a Budapest me encontré con vientos de 70 Km/h, que casi me tumbaban. Lo primero que teníamos que hacer era cambiar la plata, pues en Hungría se manejan los Forines. De ahí en adelante al comprar siempre debíamos dividir por 280 (valor de 1 euro). Aunque la verdad muchas veces ni era necesario. Seguro habrán escuchado que Europa del Este es barata. Y pues sí, no hay nada más cierto. Una razón más para ir. Además que como buenos mochileros nos alimentábamos casi que únicamente a punta de sándwiches. 
Vista panoramica de la ciudad: Tanto el Danubio como Buda y Pest
Budapest está dividida por el río Danubio en dos partes: Buda y Pest. Sí, en serio. Buda significa agua, y hace alusión no solo al río sino a las aguas termales que hay en la ciudad (en las cuales desafortunadamente no nos pudimos bañar, aunque con ese clima me habría caído muy bien) y Pest, fuego, que rememora las piedras ardientes en los tiempos de los húngaros. Ya que íbamos a estar allí 3 días decidimos dedicar uno a recorrer Buda, uno a Pest y el restante a lo que más nos llamara la atención.

En Buda estaba el imponente castillo y sus alrededores. Nos divertimos un rato viendo el cambio de guardia, y nos sorprendimos viendo gente acampando protestando en contra del primer mininstro. En Pest encontramos varias iglesias y tiendas de ropa. Pero lo que vale la pena conocer no queda sólo a cada lado del río, sino en el Danubio mismo… el río es hermoso y los puentes que conectan los dos lados son impresionantes. A pesar de los molestos vientos disfrutamos de esta hermosa ciudad al máximo.

Budapest es impresionante de noche, aquí una pequeña muestra
La ciudad no sólo se divide entre agua y fuego, sino sobretodo se debate entre dos sistemas: el comunismo que dominó durante 45 años y el capitalismo instalándose en los últimos 20. Hungría es de esos países frontera entre dos mundos, que tuvo la desgracia de caer bajo el yugo de regímenes totalitarios fascistas y comunistas, fueron invadidos tanto como de nazis como de soviéticos. Y eso se nota no sólo en su arquitectura (tanto edificios residenciales grandes, grises, cuadriculados, típicamente comunistas; como partes que claramente fueron bombardeadas y destruidas), sino también monumentos por toda la ciudad, y hasta el “Museo del Terror”, casa que antiguamente usaban los nazis y los soviéticos (en periodos diferentes claro) para torturar enemigos políticos.

Zofi nos quería mostrar el trago típico de Hungría y la rumba en Budapest, así que la noche del viernes fuimos a un supermercado y nos recargamos de “Palinka” y cerveza, pedimos una pizza gigante y como nosotros también queríamos enseñarles algo de nuestras costumbres nos pusimos a jugar “triman” (three man?) y adivinen quién sacó un tres. Ellos se rieron del extraño juego, nos divertimos un largo rato y yo me la pasé peleando con Pedro porque estaba muy intenso (y yo agresiva, por lo visto).

 
La Palinka y la pizza

Cuando se acabó el trago salimos a la discoteca más famosa y de moda de la ciudad: Morrison’s. No me acuerdo muy bien cómo era, pero recuerdo que se me vinieron a la mente las rumbas de Skins… era un lugar gigante, con buena música (más que todo electrónica), varios pisos y mucha gente.

Como uno piensa taaan bien con tragos encima yo había tenido la brillante idea de salir sin documentos, y a mi por lo general no me creen la mayoría de edad. Entonces cuando me pidieron los documentos me escondí detrás de Jorge, jurando que nadie me estaba viendo, y caminamos pausada y disimuladamente mientras el bouncer me gritaba y yo salí corriendo dentro de la discoteca, dejando a los guardias emputados y a mis amigos embalados y muertos de la risa. Una vez adentro bailé un rato pero no tardé en ponerme muuy mal, y Jorge y Zofi decidieron regresarme a la casa. Ese fue el día que vomité todo Budapest. Que no se diga que no dejo recuerdos en las ciudades que visito (?)

Con Patrik y Zsofi, antes de salir a Morrison’s

En fin, al otro día, sin guayabo ni nada, pensábamos entrar al parlamento pero como despertamos tarde ya estaba cerrada la taquilla. Caminamos un rato por ahí y en la tarde nos fuimos a Bratislava.

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