Harry Potter y el guión maldito

Es un buen momento para ser fanático de Harry Potter. En noviembre comienza una nueva trilogía de películas y el pasado cumpleaños de su protagonista y su autora fue el lanzamiento mundial de la publicación del guión de Harry Potter and the Cursed Child, obra de teatro londinense que continúa las aventuras del ya no tan joven mago.

La expectativa por lo que es denominado “el octavo libro” fue enorme, con meses de imágenes y noticias de la obra de West End en redes sociales. Los fanáticos alrededor del mundo dieron la talla y organizaron eventos en todas las grandes ciudades para conmemorar; después de todo, habían pasado 9 años desde el lanzamiento del último libro.

Yo estuve en el lanzamiento de media noche en Bogotá, y volver a vivir todo el hype y la emoción junto con mis amigos para los que Harry también significa mucho fue increíble. Si soy sincera me emocionaba más el ambiente, hacer fila a media noche, Hedwigs Theme de fondo, estar rodeada de gente con alguna prenda alusiva a las casas de Hogwarts, que el libro en sí.

La lectura

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[ATENCIÓN SPOILERS]

Es la primera vez que me leo un guión completo. Había leído fragmentos en clases de Literatura, pero como para la mayoría de los lectores de Harry, el teatro no es un género común. Yo creo que esto lo hace más fácil y fluido de leer, pues sólo hay diálogos y descripción de los escenarios, nada de los pensamientos eternos de Harry.

Pero muchos no se sienten así. El marketing e incluso la portada del libro llevaron a fans ingenuos a creer que se trataba de una novela escrita por J.K. Rowling, cuando es un guión escrito por Jack Thorne. La página de Amazon del libro está llena de reviews diciendo que es una “decepción”, que “es el colmo que Rowling haya aprobado esto”, y que “la autora nos debe un LIBRO”.

Esta reacción es entendible, porque es indiscutible que The Cursed Child está escrito para ser visualmente atractivo más que para tener una narración envolvente. En pocas páginas se abarcan tantas cosas, historias y personajes que darían para otros 7 libros. Hay escenas que no tienen mucho sentido en la continuidad narrativa, pero entiendo lo entretenido que debe ser verlas, con los efectos especiales que dicen que hay (por ejemplo el enfrentamiento entre Harry y Draco). Muchas cosas quedan en el aire o se mencionan superficialmente (toda la juventud de Albus por ejemplo, o la muerte de Astoria) y definitivamente se nota que no es el estilo ni la voz de Jotacá a la que nos acostumbramos por tantos años.

En cuanto a los personajes, Scorpius y Albus están muy bien desarrollados y aprendemos a entenderlos, amarlos u odiarlos en la narración. En cambio a Rose y Lily no las alcanzamos a conocer y James sólo es nombrado. Harry es el mismo tonto de siempre (no importa la realidad ni la edad que tenga), pero no reconocí a Ron ni a Draco. Ron pareciera que hubiera heredado toda la personalidad de Fred y ya no fuera él. Draco lleno de miedos tontos y encerrándose en rumores falsos simplemente no es creíble. Hermione es aceptable, pero le falta para ser nuestra Hermione de siempre.

El uso de escenas y diálogos que ya habíamos leído en los libros fue un detalle hermoso que me conectó más con la historia. Además, es muy importante que no abandonara su esencia de la importancia de la amistad y que tuviera lugar en Hogwarts, con McGonagall, Neville, hasta Umbridge.

Pero me indignó todo lo que tiene que ver con Delphi. ¿Voldemort teniendo una hija? ¿Con Bellatrix? Claro, el mago más malvado del mundo también tiene derecho a divertirse, pero se nos enfatizó durante toda la saga que era incapaz de amar y que su único objetivo en la vida era ser inmortal y conquistar el mundo mágico. ¡Además no tuvo cuerpo como por 13 años! y Bellatrix estaba en Azkaban. ¿Escondió su embarazo? Simplemente no tiene sentido. Me paso que recurran al siempre infalible recurso de los viajes en el tiempo y las realidades alternativas, pero esto simplemente no.

En general la historia es divertida y mientras leía me invadía la nostalgia y alegría de volver al mundo mágico y me moría por ver la obra de teatro. Pero no pasa de ser simplemente un fan fiction con la bendición de Rowling.

Más que un libro

No es de sorprender, porque Jotacá comprende el mundo y la época en la que vivimos más que ningún otro autor. Por un lado, la producción de contenidos transmedia: su historia no se queda sólo 7 novelas y 8 películas, sino que hay videojuegos, fue pionera con la plataforma digital Pottermore, y tiene parques temáticos en varias ciudades. Harry Potter es todo un mundo. Además, sus lectores ya somos individuos con capacidad adquisitiva (léase un sueldo propio y no simples mesadas) y más que nunca es el momento de capitalizar nuestra nostalgia; Hollywood, Blink182, Netflix y demás ya lo están haciendo.

Pero lo más importante es lo fieles que somos los potterheads. Por mucho que me salte una vena cada vez que Jotacá salga con un nuevo canon en su Twitter o diga que ahora esta vez sí es el final de Harry Potter para luego salir con más, fui la primera en comprar el guión en preventa y todavía estoy endeudada de la última vez que fui al parque. Porque Harry Potter no es una simple historia, fue mi puerta hacia la literatura, fue donde conocí a mis amigos más cercanos y es parte fundamental de quien soy. Si hay algo que The Cursed Child prueba es que somos muchos.

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